sábado, 23 de enero de 2010

Las víctimas olvidadas de la Transición

Mañana se cumplen  33 años de lo que ha pasado a llamarse como la matanza de Atocha, donde murieron cuatro abogados laboralistas y un administrativo miembros de CCOO y el PCE por disparos a bocajarro de tres pistoleros fascistas. Pudieron ser más, pero algunas personas sobrevivieron, no sin graves secuelas, y otras se libraron porque no estaban en esos momentos en ese lugar. Hace 13 años escribí para la revista Debate Ciudadano un artículo dedicado a esas víctimas. En esta ocasión lo reproduzco.  


El director de cine Juan Antonio Bardem realizó hace unos años una película que con el título Siete días de enero narraba los acontecimientos acaecidos en nuestro país en enero de 1977. Han pasado ya 20 años. Se dice hoy -se dijo ya entonces- que la transición política se tambaleó y a punto estuvo de fracasar. Veamos, de entrada, que hechos confluyeron: domingo 23, muerte en Madrid de Arturo Ruiz a manos de un pistolero fascista cuando se manifestaba en favor de la amnistía; lunes 24, secuestro por el GRAPO del teniente general Villaescusa, muerte de Mari Luz Nájera por un bote de humo lanzado por las fuerzas del orden que le estrelló en la cabeza cuando protestaba por la muerte de Arturo y matanza de cinco personas vinculadas al partido comunista en un despacho de abogados laboralistas de la calle Atocha, también a manos de una banda de pistoleros fascistas; miércoles 26, muerte de un policía armada y un guardia civil por el GRAPO como respuesta a las anteriores. En medio quedaron reuniones de altos cargos militares, la desorientación del gobierno de Suárez, el mensaje del propio presidente del gobierno, el dolor y rabia por las víctimas, la incertidumbre de la oposición democrática, las movilizaciones de una parte de la población... El entierro en Madrid de cuatro de las víctimas de la calle Atocha fue una demostración de solidaridad y compromiso democrático de decenas de miles de personas. Yo mismo fui una de las 15.000 personas que estuvieron presentes en el entierro de Serafín Holgado en Salamanca (la quinta víctima de la matanza). Había silencio, mucho silencio, y lágrimas en los ojos, flores en las manos y rabia contenida. ¿Pero por qué ocurrió aquello? ¿Fue una dramática coincidencia? ¿O fue la puesta en escena de lo que entonces se conoció como la estrategia de la tensión? ¿Fue urdida por los partidarios de mantener la dictadura? ¿O fue un vehículo de desmovilización, atemorizándola, de la oposición democrática? La gravedad de los hechos fue, sin duda, enorme, al poco de haberse aprobado la ley de reforma política, donde se legalizaba la transición hacia la democracia a la vez que se neutralizaba a buena parte de la oposición. Difíciles respuestas, sobre las que conviene investigar y profundizar más. Pero ese tipo de hechos no habían sido únicos. Todavía falta recordar y conocer más sobre la represión contra los demócratas durante los últimos años del franquismo. En el olvido quedan muertes (víctimas de ejecuciones, de torturas o de la disolución de manifestaciones), torturas, detenciones, encarcelamientos, multas, apaleamientos, despidos, destierros, expedientes, separación de la Universidad... y miedo. Todo un aparato policial, judicial y de bandas fascistas actuaron legal o paralegalmente contra quienes luchábamos contra la dictadura y demandábamos libertades políticas. Tenemos que recordar lo que pasó en Vitoria, Almería, Eibar, Sestao, Basauri, Portugalete, Montejurra, Granada, Jerez, Ferrol, Valladolid... Recordar a sus víctimas, muertas o heridas por botes de humo o balas disparadas al aire o a quemarropa, detenidas torturadas o lanzadas por las ventanas, apaleados sin piedad... No se trata de hurgar en viejas heridas, sino de no olvidarlas. Días pasados decía un herido en la manifestación contra el cable de Tarifa: "nunca pensé que un guardia civil pudiese tratar así a un ciudadano". En el actual régimen político no sería difícil hacer una lista de atropellos del aparato del estado contra la ciudadanía (disolución de manifestaciones pacíficas, torturas, caso Almería, el GAL, etc.). Habrá que preguntarse el porqué de tanta dureza contra la población de esa ciudad que se opone tenaz y dignamente a las obras del tendido eléctrico intercontinental. Como también habrá que reflexionar sobre la sorpresa del manifestante herido. Es cuestión de memoria histórica.