miércoles, 25 de mayo de 2022

El volcán nuevo de la isla de La Palma


Su nacimiento ha sido retransmitido como una crónica permanente a lo largo de los casi tres meses que duró su erupción. Sus imágenes llenaban las portadas de las televisiones y los periódicos. Lo que antes había sido un paraje inclinado en una parte de la falda de la sierra de Cumbre Vieja, acabó convirtiéndose en el último volcán del archipiélago y quién sabe si del planeta. Divisar ahora su silueta impresiona. Como ocurre también hacerlo con la colada de lava que yace extendida ladera abajo hacia el oeste y cortada por el océano. En su recorrido fue arrasando casi todo lo que se encontró. Enterrándolo para siempre y consumiéndolo con un fuego abrasador que todavía, aun aminorado, se deja sentir en su hondura. Lo que fue un manto incandescente, resaltado en su color rojizo durante las noches, se ha tornado en un espacio ennegrecido por el basalto que ha emanado desde las entrañas de la Tierra. Y en su cúspide, formando una corona, el volcán nos deja ver la casi blancura del azufre, mientras siguen saliendo, ahora tímidamente, gases de su interior, como restos vivos de ese azote furioso que sacudió la isla canaria de La Palma en el último cuarto del año 2021.