viernes, 8 de febrero de 2019

Paseando, y reivindicando, por las lagunas de La Janda

Hace seis días estuve en la marcha organizada en defensa de las lagunas de La Janda, dentro del Día Mundial de los Humedales. Casi 20 kilómetros, entre la ida y la vuelta, transitando en medio de un paisaje fascinante, en buena parte siguiendo la senda que marca el río Barbate. Cuando llegué hace tres décadas a estas tierras del sur, pude contemplar desde la carretera que une los municipios de Vejer y Tarifa lo que fue el espacio ocupado por las antiguas lagunas, mientras me imaginaba cómo podía haber sido. A los pocos meses, tras un mes de enero especialmente lluvioso, esa ilusión se convirtió en una efímera realidad cuando se abrió de nuevo el paisaje anegado por el agua y poblado por las aves que antaño lo colonizaron. Alguna que otra vez vuelve a ocurrir, pero sigue siendo un humedal perdido. Las distintas lagunas, juntas, llegaron a conformar lo más extenso de la Península Ibérica, hasta que en los años cincuenta del siglo pasado una decisión política preñada del desarrollismo franquista la convirtió en tierras de cultivo. El paseo de hace unos días lo fue reivindicativo. Y no fue poca gente, pues nos juntamos alrededor de un millar de personas. Pedimos la regeneración de lo que se perdió (o, al menos, de su mayor parte) y, mientras tanto, el libre tránsito por los caminos. Que son públicos.