miércoles, 21 de octubre de 2026

Lorca en La Habana, un documental en la Semana Cultural de Zahara de los Atunes


Hace un par días estuve viendo en Zahara de los Atunes el documental Lorca en La Habana. Incluido en las actividades de la Semana Cultural que organizado su Ayuntamiento, ha sido un bonito y emotivo homenaje al literato granadino, del que se cumple el 90 aniversario de su asesinato por el fascismo.

Con dirección y guion de José Antonio Torres y Antonio Manuel Rodríguez, estamos ante una recreación muy original de la estancia del literato granadino en Cuba durante la primavera de 1930. Después de su experiencia neoyorkina, adonde había llegado en junio de 1929, ya de regreso a  España fue invitado por instituciones culturales cubanas con el fin de impartir varias conferencias. Y lo que inicialmente iba a ser una estancia corta, acabó prolongándose de marzo a junio.

Y a ello no fue ajena la calidez humana que encontró en la isla caribeña, donde descubrió una sociedad viva, en la que el mestizaje cultural le llevó a sentir una gran cercanía con su Andalucía natal. Ni podemos olvidar tampoco el contraste con la realidad que había vivido durante los nueve meses en que residió en la Meca del capitalismo internacional. Allí conoció el impacto del crack de la bolsa neoyorkina, que estalló en octubre de 1929, y el consiguiente inicio de la profunda crisis económica que se extendió por todo el mundo. Pero, ante todo, sintió el ambiente de una sociedad donde la deshumanización de la vida se palpaba en cada momento.

Como es sabido, fruto de ese viaje Lorca escribió su famoso Poeta en Nueva York, que empieza con estos versos:

Asesinado por el cielo,
entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.

Y cuyos versos finales, dentro de una especie de epílogo titulado “El poeta llega a La Habana”, rezan así:

Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago,
en un coche de agua negra
iré a Santiago.
Cantarán los techos de palmera,
Iré a Santiago.
[…]  
¡Oh bovino frescor de cañavera!
¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro!
Iré a Santiago.

En la estructura de la película se  intercalan testimonios ficcionados de las personas que conocieron en su día a Lorca, entrevistas de estudiosos de su vida y obra, y representaciones breves en forma de teatro, guiñol y música, con imágenes rodadas en  los distintos lugares que recorrió.

A lo largo de casi hora y media van desfilando de ese tiempo pasado, interpretados  por artistas cubanos, el propio Federico García Lorca (Javier Jiménez Noia); Flor Loynaz (Inima Dulce Fuentes) y Nicolás Guillén (Carlos Cruz), poetas; Lydia Cabrera (Laura Martín), etnóloga cubana; José María Chacón (Javier Vergara), diplomático cubano; Adolfo Salazar (Manuel Carrasco Santos), musicólogo español; o la madre de Federico (Antonia Carranza). De nuestro tiempo aparecen Urbano Martínez Carmenate, Ciro Bianchi y Luis Machado Ordext, escritores; y Tania Licea Jiménez, lingüista. También lo hacen Rubén Darío Salazar, que actúa con su guiñol dedicado al poeta; Antony Bernal, director de la compañía Trebol Gitano, con escenas de La casa de Bernarda Alba; los grupos musicales Descendencia Rumbera y Ke Bolá; y el gaditano Jesús Bienvenido y la jiennense Roko, que cantan “Habanera de la máscara”, el tema principal de la banda sonora de la película.

En su mayor parte se refleja la presencia de Federico García Lorca en Cuba y el impacto tan positivo, de felicidad y alegría, que le supuso. Tal como ha manifestado Antonio Manuel Rodríguez: “se sintió escandalosamente andaluz. No solamente en las cartas que enviaba a sus padres, donde en más de una ocasión habla del paralelismo, de la semejanza con su tierra, de que verdaderamente se había sentido andaluz en Cuba. Y que había conocido una Andalucía en Cuba”. No faltan tampoco referencias al devenir trágico de lo ocurrido seis años después y la decisión fatal e irreversible que tomó el 13 de julio de 1936, abandonando Madrid camino de Granada.

Es lo que explica la metáfora del traje blanco que compró en La Habana y que cambió por otro negro en su regreso a España.