martes, 7 de mayo de 2024

Segundo centenario de la 9ª Sinfonía de Beethoven


Tal día como hoy de hace 200 años se estrenó en Viena la 9ª Sinfonía en re menor, opus 125 (Coral) de Ludwig van Beethoven, conocida también, indistintamente, como Sinfonía Coral o Sinfonía de la Alegría. En ambos casos, porque en su cuarto movimiento el autor introdujo un texto del poeta  Friedrich Schiller para ser cantado en coro. La célebre "An die Freude" ["Oda de la Alegría"], que muestro para su lectura. Y en este segundo centenario, nada mejor que escuchar en su totalidad la obra del genial músico alemán y en ella, al final, su cuarto movimiento
(interpretada por la West-Eastern Divan Orchestra, con dirección de Daniel Barenboim, desde el Royal Albert Hall de Londres, 2012).

Oda a la Alegría

¡Oh amigos, cesad esos ásperos cantos!
Entonemos otros más agradables y
llenos de alegría.
¡Alegría, alegría!

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.

Quien haya alcanzado la fortuna
de poseer la amistad de un amigo, quien
haya conquistado a una mujer deleitable
una su júbilo al nuestro.
Sí, quien pueda llamar suya aunque
sólo sea a un alma sobre la faz de la Tierra.
Y quien no pueda hacerlo,
que se aleje llorando de esta hermandad.

Todos los seres beben la alegría
en el seno de la naturaleza,
todos, los buenos y los malos,
siguen su camino de rosas.
Nos dio ósculos y pámpanos
y un fiel amigo hasta la muerte.
Al gusano se le concedió placer
y al querubín estar ante Dios.

Gozosos, como los astros que recorren
los grandiosos espacios celestes,
transitad, hermanos,
por vuestro camino, alegremente,
como el héroe hacia la victoria.

¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
Hermanos!, sobre la bóveda estrellada
tiene que vivir un Padre amoroso.

¿No vislumbras, oh mundo, a tu Creador?
Búscalo sobre la bóveda estrellada.
Allí, sobre las estrellas, debe vivir.

¡Alegría, hermosa chispa de los dioses
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.
 
¡Alegría, hermosa chispa de los dioses,
hija del Elíseo!
¡Alegría, bella chispa divina!