jueves, 26 de marzo de 2020

Cantemos con Víctor Heredia
























Voy a ofrecer tres canciones del músico argentino Víctor Heredia, 
autor de una larga lista que arranca de finales de los años sesenta. Canciones, algunas, muy conocidas, que cantó en solitario o en compañía de artistas como Mercedes Sosa o León Gieco. 


De mi juventud tengo el recuerdo de una canción que escuchaba en casa de mi hermano Jorge. Se titulaba "El viejo Matías" y la interpretaba un grupo suramericano del que no recuerdo su nombre. Era una versión polifónica, que hacía del final algo prodigioso, aunaban el recitado de los últimos versos con un fondo de voces que acababan imitando el silbido de una máquina de tren que se iba alejando. Luego supe que su autor era el propio Víctor Heredia. La compuso en 1968 y estaba dedicada a un amor de esos años, pero su inspiración provenía de sus vivencias de infancia, cuando acompañaba a su padre a la estación de tren desde donde partía para ir a trabajar y veía sentado en un banco de madera al viejo Matías que da título a la canción.  

La segunda de las canciones es "Todavía cantamos", en la que Víctor Heredia está acompañado de León Gieco y Mercedes Sosa. Salió a la luz en 1984, recién acabada la dictadura militar en su país. Todo un canto a la dignidad humana convertida en uno de los himnos oficiosos del repudio contra la barbarie que vivió Argentina desde 1976 y, por extensión, tantos otros países latinoamericanos. 


Y la tercera canción es "Razón de vivir", que apareció al año siguiente dentro del álbum Coraje. Como su autor ha confesado en alguna ocasión, se trata de una canción de amor, dedicada a su compañera, pero también extensible a la necesidad que tenemos de ayudarnos: "es una canción de puro agradecimiento, porque yo creo que nadie puede hacer por sí solo su tarea en el mundo, en la vida. Se necesita una compañía, indudablemente". Esta versión está grabada en directo en 1992, dentro del Festival de Viña del Mar, en Chile, y cuenta con la presencia de Mercedes Sosa. 



El viejo Matías 


La lluvia y el viento eran dos hermanos
corriendo furiosos por el terraplén
y en un banco oscuro, mojado y mugriento,
él se acomodaba su uniforme gris.

El viejo Matías duerme en cualquier parte,
un fantasma errante le toca la piel,
pero cuando llueve sus despojos buscan
la estación de chapas de Paso del Rey.

Es cuco de niños y de no tan niños
su figura triste cruzando el andén,
porque nadie ha visto sus ojos cansados,
la cruz del olvido temblando en sus pies.

A veces murmura cosas incoherentes,
habla de la guerra, imita al cañón,
y otras veces pone en sus ojos un niño
y acuna en sus brazos su bolso marrón.

Cuando llegan los trenes repletos de obreros
se pone contento, brilla su mirar.
Gorrión de la tarde, quiere hablar con todos,
y después se queda solo en el andén.

Se queda mirando las vías vacías,
la luz que se pierde del tren que pasó,
y después se aleja murmurando cosas,
el viejo Matías, ogro del lugar.

La lluvia y el viento eran dos hermanos
corriendo furiosos por el terraplén
y en un banco oscuro, mojado y mugriento,
él se acomodaba su uniforme gris.


Todavía cantamos

Todavía cantamos, todavía pedimos,
Todavía soñamos, todavía esperamos,
A pesar de los golpes
Que asestó en nuestras vidas
El ingenio del odio
Desterrando al olvido
A nuestros seres queridos.
Todavía cantamos, todavía pedimos,
Todavía soñamos, todavía esperamos;
Que nos digan adónde
Han escondido las flores
Que aromaron las calles
Persiguiendo un destino
¿Dónde, dónde se han ido?
Todavía cantamos, todavía pedimos,
Todavía soñamos, todavía esperamos;
Que nos den la esperanza
De saber que es posible
Que el jardín se ilumine
Con las risas y el canto
De los que amamos tanto.…


Razón de vivir

Para decidir si sigo poniendo esta sangre en tierra
Este corazón que bate su parche, sol y tinieblas.
Para continuar caminando al sol por estos desiertos.
Para recalcar que estoy vivo en medio de tantos muertos;
Para decidir,
Para continuar,
Para recalcar y considerar,
Sólo me hace falta que estés aquí con tus ojos claros.

¡Ay! Fogata de amor y guía,
Razón de vivir mi vida.
¡Ay! Fogata de amor y guía,
Razón de vivir, mi vida.

Para aligerar este duro peso de nuestros días,
Esta soledad que llevamos todos, islas perdidas.
Para descartar esta sensación de perderlo todo,
Para analizar por donde seguir y elegir el modo;
Para aligerar,
Para descartar,
Para analizar y considerar,
Sólo me hace falta que estés aquí con tus ojos claros.

¡Ay! Fogata de amor y guía,
Razón de vivir mi vida.
¡Ay! Fogata de amor y guía,
Razón de vivir, mi vida.


Post data (21-04-2020)

He dado, por fin, con la primera versión que conocí de la canción  "El viejo Matías" y gracias a la información que me ha dado mi hermano. La interpretó el grupo argentino Gauchos 4. Escucharla es una gozada. 

miércoles, 25 de marzo de 2020

Federico García Lorca y Carlos Cano, en El diván del Tamarit
















Escuchar música y leer poesía gratifica la mente. Y para la ocasión, propongo fundirlas a través de dos granadinos: Federico García Lorca y Carlos Cano. En 1998 el cantante sacó un un disco maravilloso titulado Diván del Tamarit, basado en una colección de poemas de García Lorca que estaban en proceso de preparación para ser editados, pero su asesinato lo truncó. Hubo de ser en 1940, fuera de la España fascista recién inaugurada, cuando el libro saliera a la luz en Argentina y EEUU. 


Como poesía estamos ante una obra que busca aunar dos universos: el eco nostálgico de la Granada andalusí y, por extensión, de la cultura oriental; y la angustia vital que produce el amor. Su contenido se ha interpretado comúnmente con un claro sentido homoerótico. E incluso ha habido quienes han ido más allá, porque se ha pretendido encontrar los dilemas interiores del poeta sobre su homosexualidad y la amargura de amores imposibles. Los poemas están agrupados en dos bloques: las gacelas, que llevan al amor, y las casidas, al sufrimiento.   


Poco conocidos, Carlos Cano fue quien los popularizó con su trabajo, que está divido en dos partes/discos: gacelas y casidas. Mario Hernández, autor de la presentación, escribió: "Carlos Cano ha aceptado la propuesta de dotar de otro sonido a esos versos lorquianos, convirtiéndolos en canción para todos. Las palabras de amor, sufrimiento y agónica afirmación (...) ruedan en la voz rasgada e intima del cantante como perlas desgranadas que buscan hallar, el engarzarse con la melodía, su más pleno y acogedor sentido. La música las asume y enciende". 


No es un libro al que se pueda acceder con facilidad, pero ofrezco los poemas que componen el trabajo musical a través del enlace http://usuaris.tinet.cat/. Y  si no se dispone de los discos, resulta fácil poder acceder a las distintas canciones a través de la red electrónica. Por mi parte, he seleccionado cuatro poemas/canciones, que acompaño con el enlace correspondiente. Invito a disfrutar de tanta maravilla.




Con todo el yeso
de los malos campos,
eras junco de amor, jazmín mojado.

Con sur y llamas
de los malos cielos,
eras rumor de nieve por mi pecho.

Eras junco de amor, jazmín mojado.
Eras rumor de nieve por mi pecho.

Cielos y campos
anudaban cadenas en mis manos.

Campos y cielos
azotaban las llagas de mi cuerpo.


Gacela del mercado matutino

Por el Arco de Elvira
quiero verte pasar,
para saber tu nombre
y ponerme a llorar.

¿Qué luna gris de las nueve
te desangró la mejilla?
¿Quién recoge tu semilla
de llamaradas en la nieve?
¿Qué alfiler de cactus breve
asesina tu cristal?

Por el Arco de Elvira
voy a verte pasar,
para beber tus ojos
y ponerme a llorar.

¡Qué voz para mi castigo
levantas por el mercado!
¡Qué clavel enajenado
en los montones de trigo!
¡Qué lejos estoy contigo,
qué cerca cuando te vas!

Por el Arco de Elvira
voy a verte pasar,
para sentir tus muslos
y ponerme a llorar.



Quiero bajar al pozo,
quiero subir los muros de Granada,
para mirar el corazón pasado
por el punzón oscuro de las aguas.

Quiero bajar al pozo,
quiero morir mi muerte a bocanadas,
quiero llenar mi corazón de musgo,
para ver al herido por el agua.

El niño herido gemía
con una corona de escarcha.
Estanques, aljibes y fuentes
levantaban al aire sus espadas.

El niño estaba solo
con la ciudad dormida en la garganta.
Un surtidor que viene de los sueños
lo defiende del hambre de las algas.

El niño y su agonía, frente a frente,
eran dos verdes lluvias enlazadas.
El niño se tendía por la tierra
y su agonía se curvaba.

¡Ay, qué furia de amor, qué hiriente filo,
qué nocturno rumor, qué muerte blanca!
¡Qué desiertos de luz iban hundiendo
los arenales de la madrugada!



La muchacha dorada
se bañaba en el agua
y el agua se doraba.

Las algas y las ramas
en sombra la asombraban
y el ruiseñor cantaba
por la muchacha blanca.

Vino la noche clara
turbia de plata mala
con peladas montañas
bajo la brisa parda.

La muchacha mojada
era blanca en el agua
y el agua, llamarada.

Vino el alba sin mancha
con cien caras de vaca,
yerta y amortajada
con heladas guirnaldas.

La muchacha de lágrimas
se bañaba entre llamas
y el ruiseñor lloraba
con las alas quemadas.

La muchacha dorada
era una blanca garza
y el agua la doraba.

sábado, 21 de marzo de 2020

12 poemas para celebrar el Día Mundial de la Poesía





























Leer poesía nunca está de más. Hacerlo a menudo es un ejercicio muy sano. Y hoy, Día Mundial -quizás porque coincide con el inicio de la primavera-, nada mejor que celebrarlo dedicando algún rato a quienes hacen de las palabras un tejido que cobra vida cuando son atrapadas para su disfrute. Dejo 12 poemas, repartidos a partes iguales entre mujeres y hombres, que he seleccionado un poco al azar, pero también pensando en los momentos que estamos pasando. Espero que leerlos resulte provechoso. 
       

Agua

Dejamos en el mundo la estrategia
De un pescador invisible
Y tropezamos con amarres del viento
Con sedales de nada.

Manuel Fernando Macías (1974-).


Arboleda entretenida

Me lo figuro
y te sueño
en lo bolillos.
No se ha roto mi fin
y te busco
en la nieve
jugando con los niños
al carro de los árboles.
Mañana son las cinco
y tu pañuelo
estreno.
Me hizo señas al aire.

Remigio González “Adares (1923-2001).


Árboles

Desde el interior, los árboles avanzan hacia el bosque,
el bosque que estuvo vacío todos aquellos días,
donde ningún pájaro podía posarse,
ningún insecto esconderse,
y ningún sol podía enterrar su pies en la sombra;
en el bosque vacío de esas noches,
los árboles abundarán por la mañana.

Las raíces se esfuerzan toda la noche
por desprenderse de las grietas
en el suelo de la terraza.
Las hojas se retuercen hacia los vidrios,
pequeños vástagos endurecidos por el esfuerzo
largas y torcidas ramas que se desprenden con dificultad
bajo el techo, como pacientes recién dados de alta,
medio-aturdidos, dirigiéndose
hacia las puertas de la clínica.
Aquí me acomodo. Las puertas se abren hacia la terraza,
escribo extensas cartas
donde apenas menciono el bosque
y su partida de la casa.
La noche está fresca, la luna entera brilla
en un cielo aún abierto.
El aroma de hojas y liquen
llega como una voz a las habitaciones.
Mi mente está plena de susurros
que permanecerán en silencio mañana.
Escucha. Los vidrios se quiebran,
se tambalean los árboles
Hacia la noche. El viento
se apresura a recibirlos.
Como un espejo la luna se ha quebrado
y en la copa del roble más alto
relampaguean ahora sus fragmentos.

Adrienne Rich (1929-2012).
Traducción de Myriam Díaz-Diocaretz.


Con las mismas manos de acariciarte estoy construyendo una escuela...

Con las mismas manos de acariciarte estoy construyendo una escuela.
Llegué casi al amanecer, con las que pensé que serían ropas de trabajo,
Pero los hombres y los muchachos que, en sus harapos esperaban
Todavía me dijeron señor.
Están en un caserón a medio derruir,
Con unos cuantos catres y palos: allí pasan las noches
Ahora, en vez de dormir bajo los puentes o en los portales.
Uno sabe leer, y lo mandaron a buscar cuando supieron que yo tenía biblioteca.
(Es alto, luminoso, y usa una barbita en el insolente rostro mulato.)
Pasé por el que será el comedor escolar, hoy sólo señalado por una zapata
Sobre la cual mi amigo traza con su dedo en el aire ventanales y puertas.
Atrás estaban las piedras, y un grupo de muchachos
Las trasladaban en veloces carretillas. Yo pedí una
Y me eché a aprender el trabajo elemental de los hombres elementales.
Luego tuve mi primera pala y tomé el agua silvestre de los trabajadores,
Y, fatigado, pensé en ti, en aquella vez
Que estuviste recogiendo una cosecha hasta que la vista se te nublaba
Como ahora a mí,
¡Qué lejos estábamos de las cosas verdaderas,
Amor, qué lejos -como uno de otro!
La conversación y el almuerzo
Fueron merecidos, y la amistad del pastor
Hasta hubo una pareja de enamorados
Que se ruborizaban cuando los señalábamos, riendo,
Fumando, después del café.
No hay momento
En que no piense en ti.
Hoy quizás más,
Y mientras ayude a construir esta escuela
Con las mismas manos de acariciarte.

Roberto Fernández Retamar (1930-2019).


las diez de la mañana de la vida

¿No sientes que hay días en los que parece que empieza todo?, ¿qué todo es posible a partir de ese día?

Isabel Bono (1964-).


La esperanza

Puesto que hay cielo hay siempre la esperanza de que
[un ave lo cruce
Me llevaría conmigo
El cuerpo en oración
De puerta en puerta
De tejado en tejado
De corazón en corazón
Qué importará el frío, la lluvia! Del sol tomo alimento
Como limosna dadme el cielo azulado! Nunca será bastante
Mi gratitud a la mujer al amor
Les debo la existencia
Rompamos las espadas
Enarbolemos plumas
Liberemos el sueño
Y que el poeta releve a los soldados
El amor es un único grito
Si es verdad
Sus ecos bastan para vivir para sobrevivir
He destruido la fachada tapiada del odio
Finalizo el asalto
El amor es más fuerte que todo.

Moodu Kara Faye (1985-2003).


No quiero

No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.
No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.

No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.

No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.

No quiero
que el labriego trabaje sin agua
que el marino navegue sin brújula,
que en la fábrica no haya azucenas,
que en la mina no vean la aurora,
que en la escuela no ría el maestro.

No quiero
que las madres no tengan perfumes,
que las mozas no tengan amores,
que los padres no tengan tabaco,
que a los niños les pongan los Reyes
camisetas de punto y cuadernos.

No quiero
que la tierra se parta en porciones,
que en el mar se establezcan dominios,
que en el aire se agiten banderas
que en los trajes se pongan señales.

No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles
que jamás se fabriquen fusiles.

No quiero
que me manden Fulano y Mengano,
que me fisgue el vecino de enfrente,
que me pongan carteles y sellos
que decreten lo que es poesía.

No quiero amar en secreto,
llorar en secreto
cantar en secreto.

No quiero
que me tapen la boca
cuando digo NO QUIERO...

Ángela Figuera Aymerich (1902-1984).


Resurrección en la tierra

Mirar al cielo. Luego,
a la tierra. Decir
hay un sueño que espera ser soñado.
Un sueño espera ser soñado.

La boca seca. No hay
saliva. Alzar los ojos,
donde los gavilanes
y los misiles. No, los ojos
a ras de suelo,
donde la hierba,
entre la herrumbre,
donde la hierba arde
verde y poderosa.

He perdido las armas.
He tirado el escudo.
De entre todas las verdades elijo
una sola: la caricia del sol
en el tronco de mi alma
calcinada.

Chantal Maillard (1951-).


Señores, yo sé bien de los venenos...

Señores, yo sé bien de los venenos de la literatura:
la tiranía impúdica y terrible de una Belleza impura
que nos mancha los labios de palabra, los ojos de figura
y el cerebro de sueños o pecados, en flagrante, diabólica impostura.
No la deseo a nadie, y nadie debe desearla nunca,
pero benditos los que se someten a su mirada oscura.

Carmen Jodra Davó (1990-2019).


Tengo…

Tengo
delante
de
un
mundo
nuevo.
Tengo
la
luz.
Sí,
la
luz
lo
es
todo.
Nada.
No
hay
problema.
Se  lo diré.
Estrellas y soles,
por un lado.
Montes y ríos,
por otro.
Luz y calor,
en otro sitio.
Naturaleza.
Ilusión en todo.
Amor.
Ése es el escenario.
Ahí está la vida.
¡Ése es el teatro del mundo!

Diego Sánchez Curto (1958-).


Tiempo de amor

Sólo cuando me amas
se me cae esta máscara pulida
y mi sonrisa es mía
y la luna la luna
y estos mismos árboles
de ahora
este cielo
esta luz
presencias que se abren
hasta el vértigo
y acaban de nacer
y son eternos
y tus ojos también
nacen con ellos
tu mirada
tus labios que al nombrarme
me descubren.
Sólo cuando te amo
sé que no acabo en mí
que es tránsito la vida
y que la muerte es tránsito
y el tiempo un carbúnculo encendido
sin ayeres gastados
sin futuro.

Claribel Alegría (1924).


Una mujer y un hombre llevados por la vida

Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.

Juan Gelman (1930-2014).

viernes, 20 de marzo de 2020

El jardín de flores y hierbas (fragmentos)


Toda una naturaleza
que desprende pureza,
alegría, eternidad.
Donde nadie siente la soledad
y vienen quienes lo necesitan
para vivir,
para hablar y cantar.

(...)

No, no la maltratéis,
dejadla
que venga conmigo,
que yo sé dónde será feliz.

(1978)

¿Qué hay detrás...?

¿Qué hay detrás de esta mentira?
(Ruego desvelar su contenido,
aunque decirlo esté prohibido).
¿Qué hay detrás?, contesta.
¿Es esa mentira una palabra traidora?
¿O es la fachada de una verdad verdadera?

(Marzo de 1983)

lunes, 16 de marzo de 2020

El corinnavirus en medio del coronavirus

El actual rey, al que Alberto Garzón ha llamado en ocasiones por el nombre de ciudadano Felipe de Borbón, reaccionó ayer por los asuntos de su padre, hoy, rey emérito. El hoy titular ha tomado la decisión de no aceptar la herencia proveniente de su padre y además le ha retirado la asignación que recibía de los fondos de la Casa Real. Lógico, después de lo que se está revelando, cada vez más, de los chanchulleos de su padre. Entre tantos, otro es el haber hecho beneficiario al propio Felipe de Borbón de una sociedad offshore, de esas que se esconden en los paraísos fiscales. 

Las cosas no pintan bien para la monarquía. Como nos contó el verano pasado la revista CTXT, sigue bajando en apoyos (49'9%), aun cuando todavía, por poco, supera a la opción republicana (47'4%). Otra cosa es la diversidad territorial que existe a la hora de que la gente se decante. Hacia el norte y el noreste, la monarquía lo tiene chungo. Ya se sabe: Cataluña (80'3%) y País Vasco (71'1%), sobre todo, prefieren abrumadoramente la república. Pero no quedan lejos Baleares (63'9), Navarra (63'7) y País Valenciano (60). Incluso en Galicia (55'4), Asturias (51'7) y La Rioja (51'7) la prefieren más que la monarquía. Del resto, sobresalen como claramente favorables a la monarquía, cercanas al 60%, las dos Castillas y Murcia. Y entre las más pobladas se encuentran Madrid, con casi el 54%, y Andalucía, rozando el 50%.

¿Y  por edades? Ahí es donde el futuro de monarquía lo tiene peor de cara al futuro. Si en el grupo de edad que tiene 56 ó más años supera con claridad a la opción republicana (55/41%), ya hay prácticamente un empate en el grupo de 36-55 años (49/48) y se queda bastante atrás entre quienes tienen menos de 35 años (46/53%). La edad, pues, corre en su contra. O dicho de otra forma: desde las edades más jóvenes está soplando un viento favorable para que en este país podamos dejar al lado a la institución que se basa en el privilegio de una familia.

Son datos de hace unos meses. Y lo del corinnavirus desde luego que no favorece -todo lo contrario- que la monarquía recupere apoyos. Su actual titular ha movido ficha, buscando desmarcarse del anterior. Pero otra cosa es lo que se siga revelando y si en ello hay sustancia para que le afecte directamente.

Dejemos al hablar al viento (robando a Juan Carlos Onetti el título y el contenido de una de sus novelas).  

(Imagen: Fanity Fair)

sábado, 14 de marzo de 2020

En el inicio de la cuarentena colectiva, con el COVID 19 de fondo

Me preguntaba el otro día mi amigo Cabeza sobre mi opinión con el coronavirus, dado que no le he dedicado ninguna entrada. Podría pensarse que estoy en estado de confusión por ello. No creo que lo esté más allá de lo que puede estarlo cualquier persona, fuera de inhibiciones o de histerias. Estoy centrado, por lo demás, en una tarea de investigación histórica que me tiene absorbido la mayor parte de mi tiempo. A veces, agobiado, pero sobre todo esperanzado por que el resultado final sea provechoso.

Volviendo a lo del coronavirus, cuyo nombre oficial es COVID 19, no he dejado de buscar la información que considero creíble y fiable. Y como ejemplo, el artículo que acabo de leer antes de empezar a escribir esta entrada: "En aguas desconocidas", de Rafael Poch de Feliu. Evito en lo posible la gran cantidad de mensajes que se están transmitiendo por las redes sociales. Suponen una inflación de noticias que se repiten muchas veces y que en buena parte de los casos poco ayudan a entender lo que está pasando. 

En el intento por despejarme de mi tarea investigadora, me vienen a la cabeza cosas que voy hablando o pensando cada día. Cosas como el origen del dichoso virus y el porqué de que haya sido en China. O el error del gobierno de no haber advertido que las movilizaciones del 8 de marzo eran una imprudencia. O la actitud de los dirigentes deportivos, más pendientes del negocio que de la salud. O la reacción de esa gente que, como un antiguo jefe de gobierno, está "huyendo" de los lugares más afectados y que me hace recordar al trato que damos a quienes se desplazan de los países más pobres o en conflicto. O la necesidad de los sistemas públicos  de salud, los únicos que pueden garantizar que las cosas salgan bien para todo el mundo.  O ese mensaje que ha lanzado uno de los dirigentes de Vox que está recargando sus "anticuerpos españoles" para hacer frente a los "malditos virus chinos"... Y tantas más cosas.

Esta mañana di mi último paseo, antes del confinamiento preventivo, cuando fui (con Charo, Felisa y Perico) por la Breña en busca de espárragos y que, deliciosos, acabamos de cenar en casa. Por lo demás, intento seguir las indicaciones que nos están dando para ayudar a que la cosa no vaya a más. Evitaré salir a la calle, fuera de lo necesario. Confiaré en que todo pase cuanto antes. Y esperaré que de la experiencia se imponga la solidaridad entre las personas sobre el egoísmo de quienes dominan el mundo. 

lunes, 9 de marzo de 2020

Un 8 de marzo mundial de la lucha feminista millonario

Se han contado por millones las personas que se han movilizado en todo el mundo. En numerosos países, en buena parte de sus ciudades y pueblos, desfilando por las calles y abarrotando las plazas. Chile y su capital, Santiago, a la cabeza, con dos millones. En todos los lugares del mundo, lanzando consignas, cantando, enarbolando banderas, sosteniendo pancartas. Para dejar constancia de una realidad que hace de las mujeres víctimas de la precariedad laboral, la desigualdad salarial, la explotación sexual, la violencia machista, las cargas de la atención familiar, la mutilación de su cuerpo, la conculcación del derecho al aborto...  Y para dejar constancia de que la lucha feminista va en serio. De que la igualdad salarial, la corresponsabilidad familiar y pública de las personas dependientes, la abolición de la explotación sexual y reproductiva, la lucha incesante contra la violencia sexual y de género que sufren las mujeres, el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo o la diversidad en la orientación sexual, todo ello, sea una realidad. Se trata de una causa justa e imprescindible, porque sin ella no puede alcanzarse una sociedad en la que todo el mundo quepa.

jueves, 5 de marzo de 2020

El corinnavirus

Al rey emérito, que fuera Juan Carlos I, le están dando malas noticias. La justicia suiza lo está investigando. Ya se sabe: comisiones supermillonarias por contratos, cuentas más que oscuras... Corinna, de la que se dice que fue su amante y parece ser que fue algo más que eso, no está dispuesta a tragarse los sapos que le pueden llegar. La operación recambio de hace unos años no ha acabado de funcionar. No es que se esté tambaleando la corona -por ahora-, pero en el sistema -español, por supuesto- se están poniendo nerviosos. El coronavirus puede transformarse en corinnavirus. Y en abril, una final de la Copa con dos equipos vascos.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Ernesto Cardenal, poeta que fue de la liberación

























































Hace unos días, a la edad de 95 años, murió uno de los poetas de la liberación. Un poeta y un sacerdote, que era en realidad monje, que formó parte de la teología de la liberación. Nicaragüense y de buena familia, en el sentido clasista, desde muy joven se involucró en las intrigas contra la dictadura de los Somoza, en cuyo derrocamiento final participó, pasados los años, por su militancia en el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Aunque fue un sacerdote formalmente tardío, ordenado en 1965, llevaba tiempo coqueteando con grupos que querían hacer de la contemplación y la oración una nueva forma de vida. Sin perder su sensibilidad social, acabó fundando una comunidad en una de las islas del Gran Lago de Nicaragua, el Cocibolca, a la que llamó Solentiname.  


Aún recuerdo una entrevista suya por televisión, en plena insurgencia revolucionaria, en la que negaba el carácter comunista del movimiento revolucionario del que formaba parte y su defensa de una sociedad más justa. Un juego de palabras que tenía un claro trasfondo: la  apuesta por la gente pobre de su país y por extensión, por la del continente latinoamericano. Tal fue su prestigio, que tras el triunfo revolucionario de julio de 1979 fue nombrado ministro de Cultura, donde desarrolló una inmensa labor evangelizadora por todos los rincones del país, pero no tanto de la doctrina católica como de esa revolución que permitía que el meollo social de los evangelios pudiera hacerse realidad. Curiosamente fue su hermano Fernando, también sacerdote, pero jesuita, a quien encargaron que hiciera lo propio como ministro de Educación, llevando a cabo la heroica campaña de alfabetización.

No fueron los únicos sacerdotes que alcanzaron la dignidad de ministros en esa revolución "tan violentamente dulce", como la definió Julio Cortázar en 1983. Lo fueron también Miguel D'Escoto y Edgard Parrales, y los cuatro tuvieron la desdicha de ser suspendidos en 1984 a divinis por ese ángel del anticomunismo que unos años antes, elegido Papa, había decidido hacerse llamar Juan Pablo II. Fue Ernesto Cardenal, sin embargo, el que sufrió esa famosa humillación pública durante la visita que hizo a Nicaragua. Arrodillado, queriendo ofrecerle su respeto sagrado, recibió una dura reprimenda, mano derecha en alto, por haber osado formar parte de un gobierno que hacía de los pobres el eje de su acción, en vez de ser sólo un mero adorno retórico. Ante una revolución asediada por el imperio, que no dejaba de provocar muerte y estrecheces económicas, el príncipe de la Iglesia dejó clara su postura.

La derrota sandinista en las elecciones de 1990 abrió una nueva etapa en su país y en la vida de Ernesto Cardenal. Pasado el impacto inicial, vino la larga travesía del desierto. Para él, como para más gente del sandinismo, se fue abriendo una grieta que lo llevó a apartarse del partido-movimiento en 1994. Su postura la dejó clara en la tercera parte de sus memorias: La revolución perdida. Acusó de corrupción a la dirigencia, con Daniel Ortega a la cabeza, y lo siguió haciendo tras la vuelta al poder en 2007. En eso coincidió con Edgard Parrales, no así con su hermano Fernando o Miguel D'Escoto. 

En los últimos meses había recuperado su condición plena de sacerdote, gracias a la acción del papa Francisco. La ilusión que le produjo no alteró lo que fue su forma de vida desde muchas décadas atrás. Siempre alejada del lujo, y dedicada a la contemplación, la oración y la poesía.

Allá por 1961 uno de los poemas que componían Epigramas rezaba así:

Al perderte yo a ti
tú y yo hemos perdido:
Yo porque tú eras
lo que yo más amaba
y tú porque yo era
el que te amaba más.
Pero de nosotros dos
tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otros
como te amaba a ti,
pero a ti no te amarán
como te amaba yo.

Quizás en esos versos describió la síntesis de su vida.