Es un grito que busca la solidaridad con las víctimas, pero también está poniendo de relieve el papel que están jugando quienes, en el ámbito judicial, han de velar por su salvaguardia. Sabido es el calvario que han de sufrir las víctimas a la hora de que se consideren creíbles sus denuncias, sean consideradas en su justa medida cuando son corroboradas o hayan estado sujetas a sentencias más que discutibles.
Ayer estuve en Zahara de los Atunes, como una más entre el medio millar aproximado de personas que acudimos a la localidad gaditana para apoyar a la víctima de una violación en grupo. Pero también para denunciar las violencias que sufren las mujeres y hacerlo, a su vez, contra una justicia que está fuertemente imbuida de la ideología del sistema patriarcal.