
Pertenece a una familia venida a más en el mundo de los negocios que ha ido trazando una red de sociedades repartidas por todo el mundo y asentadas en paraísos fiscales. Algo normal en el mundo empresarial que se mueve a nivel internacional. Negociar mucho reduciendo al máximo los costes y, entre ellos, el pago de impuestos. La opacidad, como escudo, que para eso están los paraísos de hoy. Y en eso se ha basado para mentir y contradecirse repetidamente, aun cuando desde el primer momento se le viera más nervioso que con cara de póker.
Pero Soria, como ministro de Industria, no ha sido poca cosa. Es una persona relacionada con FAES, la fundación española neoliberal por excelencia y que preside José Mª Aznar, el icono de la derecha neoliberal española. Sus principios doctrinales han estado presentes en su ministerio: lo privado, por encima de lo público; los intereses de las grandes empresas, por los de las personas que consumen bienes de primera necesidad; las actividades más contaminantes, por encima de las que lo hacen menos... Eso es lo que explica que haya favorecido a las empresas eléctricas en la subida de las tarifas; que haya castigado el autoconsumo de energía solar; que haya indemnizado millonariamente a la empresa adjudicataria del depósito de gas natural (proyecto Castor) situado frente a las costas de Tarragona y Castellón y cerrado por motivos de seguridad; que no haya entrado de lleno en la investigación de la fabricación fraudulenta de vehículos por la empresa Volkswagen; que haya permitido las prospecciones petrolíferas en Canarias; que haya permitido la instalación de un almacén de residuos radiactivos en la provincia de Cuenca, aun cuando las condiciones no den seguridad; que haya dado concesiones de canales de TDT a los principales emporios de medios de comunicación o a grupos afines ideológicamente...
En fin, una verdadera pieza. Del sistema, claro.