martes, 14 de julio de 2015

Un tratado de capitulación contra Grecia

Las noticias que están llegando de Grecia no son halagüeñas. El gobierno griego, ratificado por el parlamento, ha asumido las condiciones impuestas por el eurogrupo. Condiciones durísimas, aún peores que las anteriores al referéndum. Resulta evidente que han triunfado las tesis alemanas, que no ha cejado hasta el último momento en evitar que se moderaran las condiciones, como desde Francia e Italia se defendía, o se atendieran las indicaciones que el propio FMI llevaba días anunciando acerca de que la deuda era inasumible en su totalidad por Grecia.    

Sorprende la aquiescencia con la que el gobierno griego lo ha asumido todo. En muchos medios no para de repetirse que la principal razón ha sido el miedo a que se cumpliera la amenaza alemana de la expulsión de Grecia del euro. En todo caso no debemos olvidar que Alexis Tsipras y su equipo negociador contaban con el enorme capital político que le dio su pueblo con el resultado del referéndum. Es en esa línea, es decir, la de preguntarse por qué no se han atrevido a mantener el pulso, donde se sitúa Eduardo Garzón en su artículo "¿Por qué Tsipras ha aceptado las salvajes condiciones de la troika?"   


Paul Krugman ha sido categórico en las últimas semanas intentando explicar la nula responsabilidad del actual gobierno griego en la situación que está viviendo Grecia, llevándola siempre a los gobiernos anteriores y la propia troika. Es más, ayer pudimos leer un artículo suyo, "Matar el proyecto europeo", en el que de alguna manera certifica la defunción de la UE. Y es que en su parecer se ha aprendido que "ser un miembro de la zona euro significa que los acreedores pueden destruir su economía si se sale del redil". Y encima advirtiendo que "incluso una capitulación completa de Grecia sería un callejón sin salida". 


El anterior ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, ha publicado hoy en su blog una entrada con el título "Ante la declaración de la Cumbre del Euro sobre Grecia: primeras impresiones", en la que empieza estableciendo un paralelismo entre la situación actual y lo ocurrido hace casi un siglo, cuando en el Tratado de Versalles de 1919 se establecieron unas condiciones económicas durísimas contra las potencias perdedoras de la Gran Guerra, una de las cuales era Alemania. Después califica de "tratado de capitulación" lo que se ha impuesto a su país y considera que "se ha asestado un golpe decisivo al proyecto europeo". El tono que emplea es muy duro y redunda en lo que lleva tiempo defendiendo. Merece la pena leer del propio Varoufakis un artículo que publicó el domingo Sin permiso, donde es muy claro a la hora de dejar al descubierto las razones que están llevando al gobierno alemán a mantener su posición: "mi convicción es que el ministro de finanzas alemán quiere expulsar a Grecia de la moneda común para instalar el temor de Dios en los franceses y obligarles a aceptar su modelo de una Eurozona disciplinaria".


Confieso que la actitud de Tsipras y su gobierno, además de sorprenderme, me ha decepcionado. Esperaba mayor resistencia y valentía, teniendo en cuenta que contaba con el apoyo de buena parte de la sociedad griega. La crisis política está abierta en Grecia, porque no sólo el gobierno y Syriza están divididos, sino que el malestar general ya está llevando a la convocatoria  de movilizaciones. El partido comunista (KKE) se ha mostrado desde el primer momento contrario al proceso abierto, defendiendo sin rodeos la salida de Grecia del euro. Algo ocurrirá, seguro. La cuestión es por dónde irán las 


Post scriptum


Acabo de leer en la página electrónica de la Cadena SER unas declaraciones de Tsipras en las que intenta explicar y justificar su posición. Dos cosas me han llamado la atención: una, que acepta la responsabilidad de haber firmado un acuerdo en el que no cree; y la otra, quizás la más sorprendente, es que confiesa que su gobierno no contemplaba un plan B en caso de la salida de su país del euro. 

Post data


Varoufakis, por su parte, en una entrevista publicada en El País ha dicho cosas interesantes, abundando en lo que ya sabemos y dando a conocer otras nuevas. Se refiere a la existencia de un "gabinete de guerra" que estaba trabajando sobre la salida del euro, pero reconoce las dificultades que tendría hacer llegar a la población sus conclusiones. Es comprensivo con el papel jugado por Tsipras y su sustituto en Finanzas, Euclides Tsacalotos, pero es muy rotundo cuando se habla de la situación actual: "no voy a cambiar mi opinión, la misma desde 2010, de que Grecia debe dejar de aplazar y fingir, debemos dejar de pedir nuevos préstamos y fingir que hemos resuelto el problema, cuando no es verdad; cuando nuestra deuda es todavía menos sostenible con nuevas medidas de austeridad que hunden aún más la economía y el peso recae cada vez más sobre los que no tienen nada, con la inevitable crisis humanitaria. No estoy dispuesto a aceptarlo. Que no cuenten conmigo".