
Pues bien, su presidente, un tal Dominique Strauss-Kahn, francés y dice que socialista (es del PSF), ha saltado hoy a la actualidad acusado de agresión sexual a una camarera del hotel donde se hospedaba en Nueva York. Desde la presunción de inocencia, choca, y mucho, que, una vez que la camarera huyera de la habitación para denunciar el hecho, el propio Strauss-Kahn saliera pitando del hotel hacia un avión con destino a París, dejándose, entre otras cosas, el móvil.
Todo resulta muy extraño, aunque, según se ha informado, no es la primera vez que se ha visto involucrado en un asunto de faldas, aunque en este caso el incidente haya ido acompañado de una agresión.
Parece una metáfora del mundo donde vivimos. Al igual que las instituciones económicas internacionales, las grandes empresas y los gobiernos de los estados aplican políticas económicas cada vez más agresivas contra los pueblos, campando por sus respetos sin importarles nada quienes las sufren, sus responsables, de carne y hueso, aplican los mismos principios en la vida cotidiana. Su insensibilidad social conduce a la violación con impunidad de la dignidad de cientos y miles de millones de personas anónimas mediante la restricción de sus salarios, el recorte de los servicios públicos o el control de los gastos sociales, cuando no la condena a la pobreza. La misma insensibilidad que lleva a esa gente a seguir haciendo uso del derecho de pernada.