
El miedo es una de las claves del funcionamiento del sistema capitalista. Actúa sobre la conciencia de la gente, condicionando sus acciones. Superarlo es un reto y ha sido una de las vías que ha alimentado la rebeldía social. Una huelga es el principal momento de confrontación no sólo entre quien controla la propiedad y quien trabaja para ella, sino entre el miedo y la dignidad.
Cuando se habla de piquetes y de violencia, dos palabras que tanto gusta unir a quienes controlan y están al servicio de la propiedad, habría que responder con otro argumento: la violencia, en el caso que nos ocupa, del miedo. Es la que coarta la autonomía real de las personas y con ella su dignidad.