
Los medios de comunicación interpretaron esto como una fisura en Podemos entre radicalidad y moderación. Monedero sería la expresión de la primera, Íñigo Errejón y Carolina Bescansa, de la segunda. Iglesias, a su vez, estaría nadando entre dos aguas, algo así como con corazón radical y un cerebro moderado.
Hace cinco días La Tuerka, el embrión televisivo del núcleo duro de Podemos, fue escenario de una entrevista de Iglesias a Monedero, donde profundizaron sobre lo ocurrido, volviendo a escenificar, esta vez en clave de viejos amigos, la dimensión y los límites de las diferencias políticas. Monedero hizo gala de sus dotes como politólogo y profesor, aderezando sus declaraciones desde la teoría aprendida y la experiencia adquirida.
Por mi parte, dos matizaciones. La primera: la existencia de dos tendencias o almas en Podemos no es nueva, como pudo verse en octubre durante las votaciones al equipo dirigente, donde la candidatura encabezada por Iglesias, con el apoyo de Monedero, Errejón o Bescansa, ganó abrumadoramente; la candidatura derrotada fue la nucleada en torno a la antigua Izquierda Anticapitalista, con Pablo Echenique, Teresa Rodríguez y Miguel Urbán como principales referentes. La segunda: Monedero ha sido desde el principio quien defendió la idea de que la noción política de izquierda y derecha estaba superada, propugnando la transversalidad; se basaba en la traición a sus principios por parte de la izquierda, en la que incluía tanto a la de tradición socialdemócrata como a la comunista, y en este último caso con el añadido de que no ha sabido leer el signo de los nuevos tiempos.
Y por último, una -arriesgada- opinión: la postura de Monedero obedece a la constatación de que las previsiones iniciales de "tomar el cielo por asalto" no se han cumplido; Andalucía fue el primer aviso; los sondeos están mostrando un fuerte retroceso de Podemos, que ya no disputaría la primacía al PP; el sistema ha lanzado el recurso de Ciudadanos, que le estaría taponando el crecimiento por el centro; el PSOE está tomando algo de aire; e IU no acaba de desaparecer.
He dicho, por ahora.