
A la hora de dar una explicación de lo ocurrido, es decir, la vuelta a la confianza de los partidos que llevaron a la ruina del país, en los medios de izquierda se ha insistido mucho en que ha sido la respuesta lógica ante la política decepcionante del gobierno "roji-verde". Hoy Vicenç Navarro nos brinda en su artículo "¿Qué pasó en Islandia?" en Público un interesante análisis. Está en la línea de lo anterior y plantea la existencia de una dicotomía en relación a la política exterior islandesa: mientras el gobierno saliente ha optado por la entrada en la Unión Europea, aceptando por ello las medidas de ajuste que vienen aplicando, los grupos conservadores han jugado la baza euroescéptica, que, al parecer, tienen amplios apoyos en ese país.
Hasta aquí todo parece cuadrar. También que al ser un país pequeño, con algo más de 300.000 habitantes, resulte más fácil corregir errores o retomar la situación. Pero hay algo que no me encaja. ¿Cómo es posible que la gente vuelva a confiar en quienes provocaron la catástrofe financiera? Veámoslo, según mi opinión. Islandia ha sido desde hace décadas un país con un elevado nivel de renta, estando entre los más ricos del mundo. La crisis financiera ha hecho que buena parte de la población se haya resentido con la pérdida de ingresos económicos y de servicios. Pero sigue estando en el club de los países más ricos. De hecho la política económica llevada a cabo por el gobierno "roji-verde" ha supuesto cierta recuperación en el crecimiento y el empleo. Todo esto hace que exista entre amplios sectores de la población un reflejo del pasado que lleve a considerar que las cosas pueden volver a ser como antes. ¿Una ilusión?