
Esta mañana cuando llegué al instituto (cansado, después del trajín de ayer) estaba instalada ya la obra que Luis Valverde, compañero, amigo y artista, había hecho con un grupo de alumnos y alumnas. No recuerdo el título (y el puñetero no me coge el teléfono para poder preguntárselo), pero sobre un fondo negro cuelgan del techo, a modo de lluvia, pequeños carteles de denuncia, mientras el busto de una mujer manchada de sangre contempla esa lluvia y la silueta de una víctima sobre el suelo. Aunque con retraso con respecto a la fecha del 25, tenemos previsto también hacer un acto, preparado por el alumnado de Educación Plástica, con el título “Los pilares del amor”. En este caso, tratar el problema de la violencia contra las mujeres desde una perspectiva constructiva. Igual que en 1968 se hizo famoso el lema “haz el amor, no la guerra”, en esta ocasión podríamos decir cosas como, por ejemplo, “más amor y nada de violencia”.
Lástima que uno tenga que oír donde trabaja comentarios peyorativos hacia este tipo de actividades. Hay quienes no entienden eso de fomentar la convivencia a través de actividades como las que hace el Alumnado Ayudante, el recordatorio en fechas concretas de la violencia contra las mujeres, la lucha por la paz, el día de la mujer, el día del libro… Lástima también, porque hay quienes desde su púlpito de una autoridad mal entendida pregonan la acientificidad del cambio climático, la bondad de los alimentos transgénicos, la parcialidad de la educación para la ciudadanía…; o dicen formar, tiza en mano, en las materias que son la base de la técnica de nuestros días, como es la informática, sin el instrumento que lo hace posible. Lástima, en fin, porque quienes quizás más despotriquen contra los problemas de nuestros días, son quienes menos esfuerzo hacen por buscar soluciones, que no sean las ineficaces recetas autoritarias y excluyentes.