El Barranco de Víznar sigue siendo la referencia más conocida en relación al asesinato de Federico García Lorca y, con él, de los centenares de personas que fenecieron en ese paraje y siguen enterradas. No pretendo extenderme sobre lo escrito acerca del lugar donde fue asesinado García Lorca y, de inmediato, enterrado en un primer momento. Más allá de unas suposiciones, basadas en testimonios, faltan las certezas, excepto que sigue desaparecido, como ocurre con tantas decenas de miles de personas que el fascismo se llevó impunemente por delante.
A mediados de los años cincuenta del siglo pasado Agustín Penón escribió (1):
Si viniendo desde Las Colonias se sigue por el camino que va a Alfacar, en la primera revuelta se encuentra uno con el barranco, el lugar en donde la mayoría de los fusilados están enterrados.
Más adelante, todo este camino forma una especie de anfiteatro natural colocado ante la Vega de Granada y respaldado por suaves colinas formadas por las lomas de sierra caliza. Todavía hay olivos (los restos de un viejo olivar) en toda esta parte de monte abajo. Desde el barranco las laderas y paratas de alrededor están llenas de tumbas anónimas de miles de fusilados que fueron enterrados sin ninguna clase de señalización.
Para añadir luego (2):
En todos los terrenos vallados que hay en los alrededores de este camino han plantado y siguen plantando pinos. Sobre muchas tumbas hay ya un pino pequeño. Cuando crezcan se convertirán en un bosque entrelazará sus raíces a los cuerpos enterrados acabando por deshacerlos… Y la gente olvidará…
Años después Ian Gibson hizo lo propio sobre lo ocurrido en ese paraje (3), tras haber recogido en 1966 el testimonio de Manuel Castilla Blanco, el mismo que en 1955 había indicado a Penón el lugar donde dijo haber enterrado al poeta:
Durante el primer mes de la represión los verdugos de "La Colonia" no efectuaban sus muertes en el barranco, sino al lado de la carretera, entre Víznar y Alfacar. Así ocurrió con García Lorca, y no cabe duda de que el cuerpo del poeta no se encuentra entre los enterrados en el barranco.
El escritor irlandés sigue manteniendo esa postura (4), como puede verse en el documental Donde acaba la Memoria, dirigido en 2021 por Pablo Romero-Fresco.
No ocurre lo mismo con la familia de Federico García Lorca. Fue así como en 2003 se expresó su sobrina Laura García Lorca de los Ríos (5):
Pretendemos proteger el lugar. Proteger a todos. Ahí van a salir los restos de muchos que sus familias no quieren sacar. Habrá quienes no sean identificados. Eso puede generar la violación de un lugar sagrado para muchas familias. Al estar todos ahí, todos son iguales ahora. Federico es sólo uno más. Preferimos mantenerlo en el terreno de lo público. Los García Lorca no queremos cambiar esa historia que otros escribieron con sangre. Ése es el lugar de la memoria. Sacándolo se borra esa memoria que nosotros no queremos que se olvide.

La cercanía del paraje del Barranco de Víznar con lo que hoy es el Parque dedicado al poeta nos lleva a considerar esos dos lugares cuasi colindantes como el amplio escenario donde se cometieron crímenes horrendos desde el verano de 1936, lo que requiere la necesidad de que sean lugares de memoria.
En la visita al Barranco pueden verse numerosas muestras de esa intencionalidad, que se reparten en forma de pequeños monolitos o de inscripciones..., sin que falten las flores de quienes desean manifestar su afecto y solidaridad con las víctimas. Y están también algunos versos de Federico García Lorca, extraídos de su poema "Preludio - Amor":
Las alamedas se van,pero dejan su reflejo.
Las alamedas se van.pero nos dejan el viento.
El viento está amortajadoa lo largo bajo el cielo.
Pero ha dejado flotandosobre los ríos sus ecos.
El mundo de las luciérnagasha invadido mis recuerdos.
Y un corazón diminutome va brotando en los dedos.
(1) Agustín Penón (2009): Miedo, olvido y fantasía. Crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca (1955-1956); edición de Marta Osorio; Granada, Comares, pp. 345-346.
(2) Ibidem, p. 347.
(3) Ian Gibson (1981): El asesinato de Federico García Lorca; Barcelona, Bruguera, p. 255. E Ian Gibson (1997): Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca. 1898-1936; Barcelona, Plaza Janés, p. 552.
(4) Ian Gibson (1981): "Federico García Lorca", en Cuatro poetas en guerra; Barcelona, Planeta, p. 222.
(5) Gabriel Pozo Felguera (2009): Lorca, el último paseo. Claves para entender el asesinato del poeta; Granada, Ultramarina, p. 333.


