lunes, 5 de enero de 2026

"Trump: bombardeo y secuestro", un artículo de Atilio A. Boron


Muy pocas veces he reproducido en este cuaderno la totalidad de un artículo que no haya sido escrito por mí mismo. La excepcionalidad tiene que ver con lo también excepcional de lo ocurrido hace dos días, después que se haya producido la agresión imperialista por EEUU contra Venezuela, y el consiguiente secuestro de su presidente Nicolás Maduro y de su esposa. Al poco de conocer la noticia, esa misma mañana no dudé en denunciarlo en este cuaderno y por otras redes sociales. El imperialismo y la vulneración del Derecho Internacional tiene una relación intrínseca, por lo que no quedarse callado ante lo ocurrido es una obligación cívica y democrática 

Considero que el artículo de Atilio A. Boron, que fue publicado inicialmente ayer en el diario argentino Página 12, tiene un gran interés, porque aporta una perspectiva muy diferente de lo que se está aireando por buena parte de los medios de comunicación, dejando  de lado a los de la derechona, en los que, como es lógico, rinden, sin ningún tipo de vergüenza, la pleitesía debida al emperador. 

Invito, pues, a leerlo.


Trump: bombardeo y secuestro

Donald Trump acaba de destruir lo poco que aún quedaba del tan mentado “orden mundial basado en reglas”. El bombardeo de numerosas instalaciones militares (y sus inevitables daños colaterales en objetivos civiles) en Caracas y alrededores seguido por el secuestro -que no “extracción”- del presidente Nicolás Maduro Moros abre un nuevo capítulo en el sistema internacional en donde numerosos actores van a poder utilizar el precedente sentado por Trump en Venezuela para resolver a su favor conflictos de poder en las más diversas locaciones del planeta.

El autoproclamado “presidente de la paz” y frustrado aspirante al Premio Nobel de la paz ha sido el más belicista de los últimos tiempos: arma hasta los dientes al genocida Benjamin Netanyahu y le prodiga toda clase de protección, desde la diplomática hasta la militar y mediática; obliga a sus indignos vasallos europeos a comprar armas y pertrechos militares para sostener al neonazi Volodimir Zelenski prolongando el martirio de la población ucraniana en una guerra que ya está irremediablemente perdida y que Trump había alardeado que la terminaría en 24 horas; extraviado por su patológica megalomanía Trump ordena bombardear el norte de Nigeria para, según él, poner a salvo a algunas comunidades cristianas supuestamente agredidas por fieles del Islam; se atribuye haber logrado la paz en Gaza, una mentira enorme porque el régimen racista israelí continúa con su matanza, ahora apelando al hambre, la sed y el colapso de la salud pública mientras más de seis mil camiones esperan hace meses en la frontera cargados de alimentos, agua y medicamentos; se vanaglorió de haber logrado la paz entre Camboya y Tailandia pero los ataques entre ambas partes se suceden sin pausa.

Y ahora es el turno de Venezuela, en una costosísima operación que duró largos meses y que culminó con el sorprendente secuestro del presidente y su señora esposa, Cilia Flores. En su conferencia pública Trump dijo que este operativo militar demuestra que Estados Unidos es el país más poderoso del mundo, un mensaje explícito dirigido a China y, en cierto sentido, también a Rusia. No sólo eso: se ungió a sí mismo como administrador imperial de Venezuela al decir que “conduciremos el país hasta que podamos hacer una transición juiciosa y apropiada”, y aclaró que Washington no va a permitir que “otro se haga con el poder en Venezuela sin tomar en cuenta los intereses de su pueblo”, suponiendo que el pueblo chavista, supuestamente abatido y domesticado, lo vaya a recibir como su salvador y no como un bandido que vino a robarle su petróleo, lo único que le interesa a Trump. A éste jamás le preocuparon la democracia, la justicia, la libertad o los derechos humanos, y mucho menos en esta parte del mundo, y las y los venezolanos lo saben muy bien.

Embriagado por sus palabras, Trump acusó a Maduro de traficar una “cantidad colosal” de drogas en los Estados Unidos por medio del (ficcional) Cartel de los Soles y de enviar disimulados como migrantes a criminales del Tren de Aragua. Además calificó al narcotráfico como una campaña orquestada por Venezuela para matar ciudadanos estadounidenses, equiparándola con las mayores organizaciones terroristas a nivel global. Una mentira más de un embustero serial: el Washington Post demostró que en su primer mandato Trump dijo 30.573 mentiras. En todo caso no deja de llamar la atención que esta preocupación por poner a salvo a la población estadounidense de los estragos del narcotráfico no haya sido tenida en cuenta cuando indultó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, sentenciado por la justicia de Estados Unidos a 45 años de prisión por haberse comprobado que participó en diversos operativos que culminaron con la introducción en ese país de más de 400 toneladas de cocaína y otras drogas. Pero el narcotraficante es Maduro.

La desesperación de Trump por mostrar algún éxito en la política exterior, luego de casi un año de continuos traspiés, lo impulsó a apostar todas sus fichas en la operación venezolana. Pero este fue apenas el primer acto de una tragedia que tendrá varios episodios más, y es poco probable que los siguientes sean tan afortunados para Washington como el de esta madrugada. Además incentivará conductas semejantes en otros actores del ya convulsionado sistema internacional. ¿Por qué Beijing debería esperar hasta el 2049, cuando se cumplan cien años del triunfo de la Revolución, para completar la reunificación de Taiwán, una rebelde provincia china manipulada por Estados Unidos para acosar a la República Popular China? Sobre todo si sobran los antecedentes que demuestran irrefutablemente que Taiwán siempre formó parte de China.

Entre otros antecedentes de peso hay cuatro cartas reversales cursadas entre Washington y Beijing que así lo certifican. ¿Por qué debería el régimen de Tel Aviv esperar un minuto más y no aplicar todo su formidable poderío militar para acabar con la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania y construir el Gran Israel, desde el río hasta el mar, extendiendo aún más el incendio en Medio Oriente? ¿Por qué Azerbaiyán debería abstenerse de culminar su campaña y apoderarse definitivamente de todo el territorio de Armenia? ¿Por qué Rusia debería abstenerse de acabar rápidamente la guerra descargando ahora sí todo su potencial destructivo para devastar a Ucrania y quedarse con gran parte de su territorio? ¿Qué reglas le impedirían hacer eso, en imitación a lo hecho por Trump?

Nada de lo hecho por el magnate neoyorquino debe sorprendernos. Los imperios, lo hemos repetido cien veces, exacerban su violencia en su fase de declinación. Pero pese a los himnos triunfales que hoy suenan en la Pennsylvania Avenue de Washington, el hecho de haber ganado una batalla no significa que se haya ganado la guerra. El mismo entusiasmo prevalecía cuando se bombardeaba furiosamente a Vietnam y, décadas después, a Afganistán. Y en ambos casos Estados Unidos terminó sufriendo traumáticas y humillantes derrotas. Si algo enseña la historia es que aventuras como la que hoy nos preocupan suelen terminar mal para el imperio. No hay muchos elementos para pensar que ahora el desenlace será más sonriente para la banda de delincuentes que gobierna Estados Unidos, aunque haya que esperar un tiempo porque la reacción popular ante las agresiones imperiales rara vez es inmediata. Pero una vez que se enciende es imparable.


(Imagen: fotografía de AFP/AFP, asociada al artículo publicado en Página 12).

viernes, 2 de enero de 2026

Asesinatos por violencia de género en 2025 y unas reflexiones en torno al negacionismo


Cada año, en los primeros días, dedico una entrada al balance de las mujeres que han sido víctimas mortales de la violencia de género o bien de otro tipo de violencia que tiene alguna relación. Me he basado para ello principalmente en los datos publicados en el portal electrónico  Feminicidio.net y en el Instituto de las Mujeres, dependiente del Ministerio de Igualdad. 


Los datos de Feminicidio.net

Ofrece una tipología variada de feminicidios/asesinatos, incluyendo los de varones que, bien menores o bien mayores de edad, se han visto involucrados en episodios de violencia contra las mujeres. El total asciende a 105, 17 más que en el año 2024 y 23 más que en el 2023. Si nos atenemos a los calificados como asesinatos íntimos oficiales, que coinciden con los denominados como violencia de género por el Instituto de las Mujeres, en el año 2025 habrían sido asesinadas 47 mujeres, esto es, dos menos que en 2024 y 11 menos que en 2023.  Éste es el desglose: 

Feminicidios íntimos oficiales: 47
Feminicidios íntimos no oficiales: 3
Feminicidios familiares: 21
Feminicidios no íntimos: 10
Feminicidios por prostitución: 1
Feminicidios por conexión: 1
Feminicidios infantiles oficiales: 2
Asesinato de mujeres por violencia juvenil: 1
Asesinato de mujeres por violencia comunitaria/económica: 2
Asesinato de mujeres por robo: 3
Asesinato de mujeres por narcotráfico: 1
Feminicidio/asesinato de mujeres sin datos suficientes: 4
Menores varones asesinados por violencia machista/violencia vicaria: 3
Varones asesinados en el marco de la violencia machista: 1
Casos en investigación por Feminicio.net: 3 

Si nos detenemos a la frecuencia por meses:

Enero: 7
Febrero: 4
Marzo: 10
Abril: 9
Mayo: 5
Junio: 13
Julio: 6
Agosto: 3
Septiembre: 8
Octubre: 10
Noviembre: 12
Diciembre: 10

Como puede desprenderse de esos datos, si durante el verano, con 17, es cuando se ha producido el menor número de feminicidios/asesinatos, el último trimestre ha conocido un aumento considerable, hasta alcanzar los 32.

En cuanto a la distribución territorial, ateniéndonos en esta ocasión solamente a los datos de feminicidios íntimos oficiales, Andalucía continúa a la cabeza, con 14, de los cuales 6 han tenido lugar en la provincia de Málaga, seguida de 3 en la de Sevilla y 2 en la de Huelva, no habiendo habido ninguno en Cádiz y Córdoba. He aquí los datos por comunidades autónomas:

Andalucía: 14
Cataluña: 5
Comunidad Valenciana: 4
Madrid: 4
Asturias: 3
Badajoz: 3
Canarias: 2
Castilla-La Mancha: 2
Galicia: 2
Murcia: 2
Aragón: 1
Baleares: 1
Castilla y León: 1
La Rioja: 1
Navarra: 1 
País Vasco: 1

Ni Cantabria ni las ciudades autónomas de Ceuta y de Melilla han sufrido episodios de asesinatos por violencia de género.


Los datos del Instituto de las Mujeres

Los datos que se ofrecen se refieren únicamente a la violencia de género. El número de asesinatos, 46, casi coincide con los 47 señalados en Feminicidio.net, debido a que no ha reflejado uno de los habidos en Asturias. El número supone 3 muertes menos que en 2024 y 12 menos que en 2023. Y desde 2006, año en que se inició el registro oficial sistemático, se sitúa en el número más bajo.

Los asesinatos han sido llevados a cabo por las parejas de las mujeres en un número de 29, que representan el 63% de los casos. Los otros 17 los han ocasionado las exparejas o parejas en fase de separación, en este caso representando el 37%.

El reparto territorial coincide con el ofrecido por Feminicidio.net, salvo lo antes referido de Asturias.

Por edades, las víctimas tenían:
 
Hasta 17 años: 0
De 18 a 30 años: 6
De 31 a 60 años: 31
61 y más años: 9

Y los agresores:

Hasta 17 años: 0
De 18 a 30 años: 5
De 31 a 60 años: 29
61 y más años: 12

Tanto víctimas como agresores estaban sobre todo en las edades adultas: el 67'4% de las primeras  y el 63% de los segundos. Existe, por tanto, una gran correspondencia en las edades de unas y otros.

Y por último, en cuanto a la nacionalidad, 27 mujeres eran españolas y 19 extranjeras; y 27 agresores eran españoles y 19 extranjeros. 


Para acabar: unas reflexiones en torno a la violencia de género y el negacionismo

No quiero  extenderme mucho más, pero creo que resulta necesario hacer algunas reflexiones. Los datos que he presentado, pese al descenso que sigue produciéndose año a año, son elocuentes sobre una realidad tan dura. La violencia contra las mujeres, sea de cualquier índole, está muy presente. Puede que nos  llamen más la atención los asesinatos, como es normal, pero los otros tipos de violencia no dejan de seguir existiendo: directa y simbólica, física y psicológica...  De alguna manera esas violencias las alimentan.

Y un factor que posibilita que todo eso se mantenga, tiene que ver con el negacionismo que se fomenta principalmente desde los grupos políticos de derecha y de extrema derecha. En España y fuera de España. En el pasado mes de octubre Rocío Aguirre, diputada por Vox y hermana de Esperanza, no tuvo reparos, por no decir vergüenza, en manifestar en la Asamblea de Madrid que "son 48 al año" las mujeres asesinadas por violencia machista. Todo un ejemplo de cómo se ven las cosas por parte ese tipo de gente.

El fascismo de los años 20 y 30 del siglo defendió la permanencia y/o la vuelta de las mujeres al hogar. Se decía, y hasta se obligó, que tenían que dedicarse a procrear la raza y cuidar a la familia. Se cortaba el avance, todavía lento, del progresivo acceso de las mujeres a la esfera de lo público y a la adquisición de derechos. Por eso habían nacido en el siglo XIX el sufragismo y el feminismo. Eso fue cortado de raíz por el fascismo italiano y alemán, que en España, aderezado de nacional-catolicismo, se mantuvo  a lo largo de cuatro décadas.

Tras medio siglo de la muerte del dictador, con importantes avances, aunque insuficientes, en la conquista de derechos para las mujeres, en nuestros días estamos asistiendo al ascenso del voto, o con intención de hacerlo, hacia los grupos de derecha y de extrema derecha. Y lo peor, que se está manifestando más entre la gente más joven y, dentro de ésta, entre los varones. El mensaje de que las mujeres están consiguiendo derechos en detrimento de los varones está calando. Lo que en otro tiempo había sido reforzar los roles tradicionales de género, ahora se está transmutando para mucha gente en un claro antifeminismo. Pierden terreno entre los varones, así, los valores de igualdad y en este caso los que defienden la igualdad entre los géneros. 

La violencia que se ejerce contra las mujeres pone de relieve la resistencia que existe en muchos sectores de la sociedad, en mayor medida de varones, a la hora de ceder en los privilegios de género y apostar por unas formas de relación y convivencia basados en la igualdad, la libertad y la tolerancia.

Una dura realidad. Y por todo eso, hay que defender más derechos y, en este caso, más feminismo.    


(Imagen: fragmento de una pintura expuesta durante las Jornadas de Igualdad; Granada, mayo de 2009).