jueves, 5 de febrero de 2026

Palabras de Loli Rodríguez Galán en la presentación en Bonanza del libro sobre Manuel Abel Romero


Varias han sido las entradas que he dedicado a la presentación en Bonanza el  pasado 23 de enero de mi libro Manuel Abel Romero (1905-1936): más sobre la vida y el asesinato de  maestro de Zahara de los Atunes. No puedo por menos que mostrar de nuevo mi agradecimiento a la  Asociación de Mujeres Ager Veneriensis de Bonanza, así como reconocer la labor que llevan desarrollando desde hace muchos años en Bonanza promoviendo la cultura y la memoria democrática. De una manera particular debo mencionar también a su presidenta, Loli Rodríguez Galán, que fue la encargada de dar la bienvenida a las personas asistentes. Éstas fueron sus palabras:

"Buenas tardes a todas y a todos.

Gracias por acompañarnos hoy en este acto tan especial, en el que presentamos un libro que no solo recoge palabras, sino también memoria, dignidad y compromiso. Nos reúne la obra de un hombre que fue silenciado de manera violenta durante la Guerra Civil, no por lo que hizo, sino por lo que pensaba, por sus ideas y por su forma de entender la justicia y la libertad.

Este libro es, por tanto, mucho más que una publicación: es un acto de reconocimiento, un ejercicio de memoria histórica y una forma de devolver la voz a quien le fue arrebatada. Recordarlo hoy es afirmar que las ideas no mueren, que la palabra escrita perdura y que la cultura es una herramienta fundamental contra el olvido.

Gracias por estar aquí, por escuchar y por participar en este homenaje necesario. Que esta presentación sea también un espacio de reflexión, respeto y recuerdo".

miércoles, 4 de febrero de 2026

Más poemas de Eugenio Abel Maroto dedicados a Manuel Abel Romero


Llanto por el hijo muerto

Tanto dolor en mi corazón llevo que su peso
en mi cuerpo, en vez de recto, encorvado camina.

Se llenan continuamente mis pupilas
de lágrimas de amor por el hijo que se llevan.

No, no traed para sentarme una silla.

Dejad mi cuerpo quebrado sobre el suelo,
si hay Dios que me lo devuelva con vida.

Pues no hay justicia en los altares,
apartan al hombre y borran con guadaña su doctrina.


Días oscuros

Cae la noche y una madre mira que se abra la puerta;
sangre de mi sangre, mi alma de ti está llena,
larga es mi espera.

Son noches sin luna, de llanto y dolor;
con la aurora las noticias no llegan;
¡Hijo mío!, ¿dónde te han llevado?
¡Buscamos tu estrella!

Muy de mañana en Zahara preguntamos
por saber dónde estabas; se hizo la noche,
queda la esperanza, poco a poco la llama se apaga.

¡Este mundo es tan grande! Quisiera
encontrarte, que vuelva mi Dios.
El otoño se acaba y no dicen nada los que te apresaron.

La tormenta trae lluvia y el tiempo no cambia;
aumenta nuestro dolor; sospechas tenemos
de que te asesinaron sin juicios ni pruebas,
sin nosotros... decirte adiós.

Hay un demonio que no es humano
y hace la guerra sembrando el terror
tu familia te dice que nunca te olvida; son sentimientos
eternos los que dejan heridas en el corazón.


De vuelta a casa
(Homenaje a Manuel Abel Romero. Su familia)

Podrán matar tu cuerpo, pero tus ideas son
como esporas transportadas por el viento,
en estas tierras finas crecerán.

La aurora arrancó la primavera y en esos
campos lejanos, donde a ti te asesinaron,
rosas blancas acaban de brotar.

Maestro, tus sueños ahora son nuestros sueños;
las olas traen hasta tu casa en
Bonanza tus ansias de libertad.

Aunque hayan pasado cien años, tu memoria
en nuestra alma vivirá, luz que ilumina nuestro universo;
y como el Ave Fénix queremos... contigo eternamente volar.


El Crepúsculo y la Tormenta
(Familia de Manuel Abel Romero)

Sucedió cuando más tronaba el cielo,
su relato en la familia sigue fresco;
la puerta que se quede abierta...por si volviera el maestro.

Una madre cada noche, cada día, cada nuevo
amanecer le espera; dice: “eres mi luz y mi guía…
nadie sabe cómo yo te quiero”.

Estaba dispuesta la mesa, todos rezan un Padre Nuestro;
cuando llaman a la puerta por encargo del infierno.

Hacia la muerte camina sin saberlo…
al maestro llevan preso;
quieren arrancar de sus carnes con las balas
la libertad y sus pensamientos.

Arrancar la vieja doctrina del saber
y el conocimiento;
que se apaguen los luceros,
predica el Nacional Movimiento.

En los campos de Zahara germinan sus sentimientos;
y llegan hasta Bonanza esparcidos por el viento.

Un veintitrés de enero, cuando la aurora comienza;
caen desde las estrellas, en sus finas arenas,
esporas nacidas de entre sus huesos.

Había un tren y un pinar donde de niño solía jugar;
ya no está el tren donde arrancaron los pinos,
rosas blancas han florecido.

Sus amigos y su familia estamos aquí, a tu
cofre abrazados para recoger de estos campos
y sus viñas los frutos de tu legado.

Carlos Hernández de Miguel y su carta de despedida


Ayer falleció Carlos Hernández de Miguel, periodista y autor, entre otros, del libro Los campos de concentración de Franco. Sometimiento, torturas y muerte tras las alambradas (Barcelona, 2019). Una obra voluminosa, pues ocupa medio millar de páginas, y, ante todo, rigurosa, pues está basada en el buen tratamiento de las fuentes documentales.

En 2019 le dediqué tres entradas, dado que a través de él descubrí que el colegio en el que estudié de niño, el Francisco de Vitoria de Salamanca, estuvo destinado en un primer momento como campo de concentración (la primera data del 12-03-2019; y la segunda, del 26-03-2019). En la tercera entrada, ya del mes de mayo, me centré en los campos que hubo en la provincia salmantina.

Veterano en su profesión y curtido, entre otras cosas, como corresponsal en varias guerras, ha fallecido a una edad temprana, con apenas 56 años. Consciente de su irremediable fallecimiento, ha dejado escrita una carta de despedida, que reproduzco en su totalidad. Y lo hago porque su contenido, más allá de la emoción que transmite, resulta altamente interesante. Y resalto de ello dos cosas, con las que coincido. Una, que "objetividad no es sinónimo de neutralidad". Y la otra, que "para ser buen periodista es imprescindible ser una buena persona". Para los tiempos que corren, tienen mucho valor.

Que descanse en paz. He aquí la carta, publicada en elDiario.es:

"Querido lector, querida lectora. Te confieso que, por primera vez desde que soy periodista, desearía que no estuvieras leyendo mi artículo. Estoy seguro de que entiendes el motivo: si lo estás haciendo es que ya no ando por este mundo… ni por ningún otro. Me he muerto. ¡Joder!, qué fuerte resulta escribir esto, pero es así. Me he muerto y no quiero marcharme sin despedirme y compartir unas últimas reflexiones con vosotr@s.

He sido una persona muy afortunada. Lo fui desde que nací, porque lo hice en un país europeo que, aunque aún estaba sometido al yugo franquista, muy pronto comenzó a progresar económica, social y políticamente hasta convertirse en una nación del primer mundo. El azar y solo el azar hizo que mi destino fuera infinitamente más cómodo y fácil que el de cientos de millones de niños y niñas que ven la primera luz en regiones azotadas por el hambre, la pobreza y la guerra. En este momento tan duro por el que estoy pasando, creo que no tengo derecho a quejarme ni a lamentarme. ¿Cómo voy a victimizarme conociendo estas desigualdades e injusticias históricas? ¿Cómo puedo lamentar mi suerte viendo lo que está ocurriendo, ahora mismo, en África, Afganistán, Ucrania, Yemen, Irán o Gaza? Gaza, Cisjordania… Palestina… No te lo puedo asegurar porque no sé qué ocurrirá, pero creo que mi último pensamiento, la última imagen que pasará por mi cerebro antes de apagarse será la de los niños masacrados en Gaza y la de los palestinos supervivientes afrontando un terrible futuro. Lo que sí sé es que me iré sin comprender las razones por las que la comunidad internacional ha decidido permanecer impasible mientras Israel perpetra un genocidio delante de sus narices… transmitido en directo, minuto a minuto, masacre a masacre.

He sido una persona muy afortunada porque mis padres y mi hermano me educaron para ser libre y tener una mentalidad crítica. Crecer en una familia humilde, en un barrio obrero de Madrid, me inculcó unos valores que me marcaron para siempre. Unos valores que se vieron mejorados y reforzados gracias a la personalidad, fortaleza, inteligencia y bondad de mi eterna compañera de vida. Decidí ser periodista porque realmente creía que informando con rigor y honestidad se podía mejorar este mundo. Lo creía y lo sigo creyendo. Soy consciente de que en mi carrera profesional he cometido errores, he tragado con algunas cosas (creo que pocas) que debería haber rechazado y que no he sido, ni mucho menos, un periodista perfecto. Pese a ello, miro hacia atrás y lo que veo no me disgusta. Puedo decir que nunca, nunca he mentido ni he manipulado ni he ocultado información. Siempre que he informado, ya fuera desde Madrid, Bilbao, Sevilla, Kabul, Jerusalén o Bagdad, he intentado ser crítico con el poder, he intentado contar lo que pasaba y he intentado dar voz a quienes no la tenían. Voz a las víctimas, crítica para los verdugos. Sin equidistancias. Sin ambigüedades. Por ello, estoy especialmente orgulloso de no haber ascendido todo lo que habría podido ascender e incluso de haber sido despedido por intentar ser fiel a mis principios. De veteranos colegas de profesión aprendí las, que yo considero, dos máximas del periodismo:

1.- Objetividad no es sinónimo de neutralidad. Contar la realidad con objetividad te obliga, casi siempre, a no ser neutral. Si hay un agresor y un agredido, un mentiroso y un honesto, un corrupto y un honrado, tu misión es describir esa situación con claridad y contundencia. Harto estoy de quienes creen que ser periodista es contar, sin filtros, la versión de ambas partes, sin plantearse la veracidad de las mismas o, lo que es peor y más frecuente, sabiendo que una de ellas es incierta.

2.- Para ser buen periodista es imprescindible ser una buena persona.

Yo siempre añado una tercera máxima. El periodismo no es una profesión más. De nuestro trabajo depende que la sociedad pueda ejercer su derecho a estar bien informada. De nuestro trabajo, aunque no solo de él, depende la libertad, la igualdad y la democracia. Por eso no caben excusas para mentir u ocultar. En caso de hacerlo se nos deberían exigir responsabilidades profesionales e incluso penales. Deberíamos ser como los jueces (léase “como deberían ser los jueces”), a los que se les puede imputar y castigar por prevaricación, pero, para ello, también tendríamos que tener unas condiciones de estabilidad y dignidad laboral acordes a nuestra responsabilidad. En cualquier caso y por muy precaria que sea su situación, aquí va mi último consejo a mis colegas, especialmente a los más jóvenes: no toleréis la manipulación, no os autocensuréis, no os refugiéis bajo la excusa del miedo a perder el trabajo… luchad el enfoque de cada noticia. Sed objetivos, no neutrales. Sed buenos periodistas siendo buenas personas.

Son muchos los periodistas que actúan así, contra viento y marea. Tengo el privilegio de que algunos de ellos y de ellas sean, además, amigos. A todos y todas os mando un enorme abrazo y, sobre todo, os doy las gracias por ser como sois. No cambiéis nunca. Merece la pena.

Al resto, a los mercenarios de la información, solo os lanzo dos preguntas: ¿Os compensa el dinero y/o la fama que ganáis a cambio del daño que provocáis? ¿Podéis dormir tranquilos después de hacer lo que hacéis? Nunca es tarde para hacer lo correcto.

He sido afortunado porque he conocido la política desde dentro y desde fuera. He visto miserias, egos desorbitados y sectarismo, pero también grandeza. Si algo aprendí en mi vida es que ¡no!, no todos los políticos son iguales. Hay hombres y mujeres que, realmente, creen que su misión es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas que les votaron y que no les votaron. Para ellos, estar en política no es ningún chollo: estar expuesto permanentemente al foco mediático, a los insultos, al escrutinio de cada uno de sus actos, al acoso a sus familias… Casi todos podrían ganar más dinero en la empresa privada sin tener que soportar ese desorbitado precio personal que les supone el cargo.

Es obvio que hay también otros políticos, demasiados, movidos por intereses mucho más espurios como la corrupción y el ansia infinita de poder. Hay que luchar contra ellos, cambiar innumerables cosas y mejorar todo el sistema, pero hay que hacerlo desde la propia política. Hay que hacerlo desde la política porque todo en la vida es política o está condicionado por ella. Cuidado, por tanto, con quienes arremeten contra ella, contra los partidos, los sindicatos y la democracia. La alternativa a la democracia es la dictadura, aunque la bauticen con cualquier atractivo eufemismo. La alternativa a los partidos y a los sindicatos es el partido único y el sindicato vertical. Hay mucho, muchísimo que mejorar, pero el camino no es el que nos muestra la extrema derecha mundial.

He sido afortunado por dedicar la última etapa de mi vida profesional a investigar y difundir la historia reciente de nuestro país. Conocer a supervivientes de los campos de concentración nazis y de los campos de concentración franquistas, así como a sus familiares, ha sido uno de los mejores regalos que me ha dado la vida. Las víctimas del nazismo y de otras dictaduras no dejaron de repetir que el fascismo no había muerto, que seguía agazapado esperando el momento de resurgir. Por eso era, es y será tan importante conocer la Historia. Mirar atrás es la mejor forma de afrontar el presente, no repetir errores y estar preparado para las amenazas futuras. Mirar atrás te demuestra que la libertad, la vida y la democracia nunca están garantizadas y, por tanto, debemos luchar, cada día, por preservarlas. De alguna manera, ese convencimiento es el que me llevó a escribir la que será mi única novela. En ella intento advertir de lo que se os viene encima si no lo remediáis. Aunque se publicó recientemente, la pensé y redacté cuando Trump aún no había ganado las elecciones y yo creía tener una larga vida por delante. Repasándola ahora, me suena a testamento del que no tocaría ni una coma. Por favor, por vuestro bien, creed a Anne Watts.

Termino ya. Una persona joven, muy querida, que era consciente de que su final podía llegar en cualquier momento, me dijo: “La vida es un privilegio”. Entonces no supe valorar sus palabras. Querido lector, lectora: exprime la vida, sé feliz, valora lo que de verdad importa, huye de lo tóxico y practica la empatía… mucha empatía.
Me voy dando las gracias a todo el personal de la sanidad pública española que personifico en la que ha sido mi oncóloga hasta el final, una persona admirable y una profesional inmensa, la doctora Verónica Calderero. Gracias a todos y todas por el trato y la atención exquisita que me habéis dado. Me concedisteis una prórroga que he aprovechado al máximo. Gracias también a los científicos que trabajan para mejorar y alargar nuestra existencia. Gracias, en general, a lo que llamamos “lo público”. La sanidad, la educación y el resto de servicios públicos marcan la diferencia entre una sociedad justa e igualitaria y una masa de individuos gobernados por la ley de la selva".

martes, 3 de febrero de 2026

La Luna llena en la poesía



Luna llena en Semana Santa

Denso, suave, el aire
orea tantas callejas,
plazuelas, cuya alma
es la flor del naranjo.

Resuenan cerca, lejos,
clarines masculinos
aquí, allí la flauta
y oboe femeninos.

Mágica por el cielo
la luna fulge, llena.
Luna de parasceve.
Azahar, luna, música,

Entrelazados, bañan
la ciudad toda. Y breve
tu mente la contiene
en sí, como una mano

amorosa. ¿Nostalgias?
No. Lo que así recreas,
es el tiempo sin tiempo
del niño, los instintos

aprendiendo la vida
dichosamente, como
la planta nueva aprende
en suelo amigo. Eco

que, a la doble distancia,
generoso hoy te vuelve,
en la leyenda, a tu origen.
Et in Arcadia ego.

(Luis Cernuda)


Son de negros en Cuba

Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago,
en un coche de agua negra
iré a Santiago.
Cantarán los techos de palmera
iré a Santiago.
Cuando la palma quiere ser cigüeña,
iré a Santiago.
y cuando quiere ser medusa el plátano,
iré a Santiago.
Iré a Santiago
con la rubia cabeza de Fonseca.
Iré a Santiago.
Y con la rosa de Romeo y Julieta
iré a Santiago.
Mar de papel y plata de monedas.
Iré a Santiago.
¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!
Iré a Santiago.
¡Oh cintura caliente y gota de madera!
Iré a Santiago.
Arpa de troncos vivos. Caimán. Flor de tabaco.
Iré a Santiago.
Siempre he dicho que yo iría a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Brisa y alcohol en las ruedas,
iré a Santiago.
Mi coral en la tiniebla,
iré a Santiago.
El mar ahogado en la arena,
iré a Santiago
Calor blanco, fruta muerta,
iré a Santiago.
¡Oh bovino frescor de cañavera!
¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro!
Iré a Santiago.

(Federico García Lorca)


Luna llena

¡Luna llena, luna llena
Tan oronda,
tan redonda,
en esta noche serena!

Alegre luna de marzo
tras el azul de la sierra,
tu eres un panal de luz
que labran blancas abejas.
Sobre los pinos del monte,
madona, sobre la piedra
del áspero Guadarrama,
miras mi ventana abierta.

Yo te veo, clara luna
siempre pensativa y buena,
con tus tijeras de plata
cortando el azul en vendas
o hilando la seda fina
de tus gusanos de seda.

Tu y yo, silenciosamente,
trabajamos, compañera,
en esta noche de marzo,
hilo a hilo, letra a letra
¡con cuanto amor! mientras duerme
el campo de primavera!

(Antonio Machado)


Luna llena

Fuera del mundo, ausente,
mellada contra andamios,
has nacido otra noche
con tus venas azules,
igual que un globo inflado,
luna llena.
Globo inflado te llamo,
otros rostro de muerta,
nave, farol, pandero,
o blanca rebanada
o novia o meretriz
te llamaron por turno.
A tu luz se acogieron deslumbrados,
tristes y balbucientes
los poetas,
frioleros y turbios,
estremecidos, los enamorados.

Te invocaron sin tregua
a lo largo de un río subterráneo
de palabras marchitas
que viene desde Safo y Rosalía
a morir en mi boca.

Jugamos a invocarte,
levantamos antorchas de mentira
que sólo manosean tu vestido de tul.
Y tú, intacta y desnuda,
te escapas, luna llena,
subiendo apenas perceptiblemente,
navegando la noche con oblicuo reflejo,
como si nos oyeras, como si nos miraras.

Nadie te alcanzará,
ni por tu hueco abierto a incógnitos paisajes
ha atravesado nadie.
Tú rozas con tu luz la otra ladera.

(Carmen Martín Gaite)


Noche de luna llena

Noche blanca en que el agua cristalina
duerme queda en su lecho de laguna
sobre la cual redonda llena luna
que ejército de estrellas encamina

vela, y se espeja una redonda encina
en el espejo sin rizada alguna;
noche blanca en que el agua hace de cuna
de la más alta y más honda doctrina.

Es un rasgón del cielo que abrazado
tiene en sus brazos la Naturaleza;
es un rasgón del cielo que ha posado

y en el silencio de la noche reza
la oración del amante resignado
sólo al amor, que es su única riqueza.

(Miguel de Unamuno)